viernes, 3 de febrero de 2012

1. Una vida de drogata.


   Mi historia es muy compleja, por definirlo así, es la típica historia que trata de aventuras, drogas y sexo. De tanto chutarme la verdad es que se me han olvidado trozos, pero yo os la contare con el máximo detalle del que disponga mi memoria.

   No se como empezó ni porque, ¿vale? Solo sé que yo me encontraba en esa mierda de fiesta. Si, un bochorno. Si no fuera por el alcohol y la gran cantidad de tías ni hubiera ido. Tengo mejores cosas que hacer, pero esta vez accedí por mi gran y pesada amiga Floren.
Floren es la típica chica mazizorra de la que los tíos no apartan la mirada. Es tontita, pero se porto bien conmigo cuando me pegaron esos Sandlers, y eso se lo debo. Los Sandlers son los chicos mas mazados que he visto en mi puta vida. Si yo tuviera una vida de verdad no la derrocharía en estarme 4 horas diarias en el gimnasio. Son los jugadores de futbol de la ciudad, pero yo los prefiero llamar Sandlers. Asi se llamaba el perro de la vecina de enfrente, la señora Beckman. Esa bazofia de perro me ladraba todos los días y hasta me llego a morder. Puto perro. Menos mal que lo han sacrificado. Por eso llamar a esos mamones por el nombre de Sandlers, en cierto modo me anima la moral.

   La verdad es que si no fuera por esos putos Sandlers no me hubiera metido en las drogas. Si, el bullying es malo, y más cuando se trata de joder a un pive tan loco como yo. Pero ese día la buenorra de Floren me salvo calentando a esos tios y evitando que me matasen a pedradas para divertirse. La típica frase “Oh chicos, ¿no preferís mirar mis tetas apenas cubiertas en vez de pegar a ese pobre chico?” fue la que me salvo, si no, no os estaría escribiendo esta puta historia. Creo que se follo a uno…
Da igual, lo que quiero deciros es que se lo debo. Tengo que ir a esa fiesta porque si no la zorra de Floren se mosquea conmigo y no me salva el culo cada vez que me ven esos psicópatas mazados. A mi también me sorprende que quiera ir conmigo cuando hay tantos tios disponibles, pero yo no me quejo.

   La fiesta era rara. Nunca había ido a ningún sitio con gente fumando y bebiendo ni nada. Yo era mas de encerrarme en la biblioteca estudiando, no le veía más jugo a la vida. Pero en un principio me gustaba esa fiesta, y la verdad es que me emociono mucho la parte en la que se despelotaron aquellas tías delante de todos. Si, unas tetas que nunca olvidare, y podría decirse que desde ese momento perdí mi “santidad” de niño prodigio empollón.
   Creo que la parte de la que más me acuerdo de esa fiesta es la que mas ganas tengo de borrar de mi mente. Ahí probé los porros. Era solo el principio, era una pasada. Ya fumaba tabaco desde tercero de la ESO, y ahora estoy en cuarto. Llevaría un añito, y ya sabia fumar bien y hacer que el tabaco haga su efecto en mi cuerpo. Tampoco era tan difícil, como tampoco me fue tan difícil no toser ante el pedazo peta al que me invitaron esos pives. 

   Lo primero que recuerdo después de darle es calo es una flipada total. No podía parar de reírme, y búa, es que me lo pase genial esos 10 minutos de gloria. Creo que Floren se estaba follando otra vez al jefe de los Sandlers, el capullo de Freddy. Seguro que la tendrá de 40cm como viene a ser el típico mito del negro. Por eso a Floren le gustara tanto, porque de guapo no le veo una mierda. El caso es que seguidamente no veía nada de nada. Oscuridad, y más oscuridad. En el próximo segundo me levante en mi casita dormidito en mi cama con mi manta de Slipknot, un grupo heavy que no se puede conocer el típico pijo que hay en mi instituto, así que no me quejo si alguien me dice “¿Quién coño es eso?”. Lo peor es que estaba sin una triste memoria de que paso en esas 8 horas de entre la fiesta y encontrarme despierto y cagado de miedo en mi casa. Estaba paralizado.